Crónica de Shalem
La Grieta
La tierra de Shalem comenzó a abrirse durante la madrugada.
No hubo relámpagos.
No hubo gritos.
Solo una línea oscura atravesando las calles del Reino como si una mano invisible hubiese rasgado el mundo.
Los sabios encendieron lámparas.
Los malakim guardaron silencio.
Esa misma noche, en los patios inferiores del Santuario, hombres cubiertos con túnicas negras ofrecieron incienso prohibido.
Decían que toda alma tenía derecho a tocar el fuego sagrado.
Decían que el Reino ocultaba los Nombres celestiales por temor.
Pero el humo no subió hacia los cielos.
Descendió.
Y desde la grieta, una voz habló:
— “¿Por qué ellos… y no tú?”
Muchos apartaron la mirada.
Otros comenzaron a escuchar demasiado.
Sha’hariel permaneció inmóvil frente a la fractura de la tierra mientras el humo rodeaba lentamente sus pies. Sobre las piedras quebradas, las letras hebreas comenzaron a apagarse una por una.
Entonces comprendió algo terrible:
hay almas que desean la Luz…
y otras que desean el trono.

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