En la última noche, cuando la octava vela se enciende y la Janucá queda completa,
las FDI elevan la luz no como celebración ingenua, sino como acto de fidelidad.
No es una llama grande,
es una llama firme.
No promete ausencia de oscuridad,
promete presencia.
Mientras arde, la luz recuerda:
Israel no pelea por la guerra,
sino por la vida.
Y aun en guardia, en frontera o en silencio,
la luz permanece.
Porque esta vela no alumbra el pasado,
custodia el futuro. 🕎

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