lunes, 6 de abril de 2026

Tehilim 109, donde la mentira respira


 Tehilim 109 — Donde la mentira respira


La madrugada no trajo luz.


Trajo niebla.


El bosque estaba en silencio, pero no era paz… era contención.

Como si algo estuviera esperando ser descubierto.


Sha’hariel bat Eliora avanzó sin prisa.

Vestida de negro.

Arco en mano.

Espada lista… pero aún dormida en su filo.


A su lado, su perro no olfateaba el suelo.


Miraba al frente.


Fijo.


Porque lo que había ahí… no dejaba huellas.


Un susurro cruzó entre los árboles.


No era viento.


Eran voces que habían sido dichas sobre ella… en otros lugares… por otras bocas.


Mentiras.


Distorsiones.


Nombres mal pronunciados.


Y en ese bosque… habían tomado forma.


Sha’hariel se detuvo.


No atacó.


No corrió.


No preguntó.


Solo habló.


Con la voz baja… pero con peso antiguo:


“Dios del juicio verdadero…

no calles por mí.”


El aire cambió.


El perro gruñó… no por miedo…

sino porque algo invisible acababa de ser señalado.


Las sombras comenzaron a moverse.


No hacia ella.


Dentro de sí mismas.


Como si una grieta se abriera desde adentro.


Las figuras que la rodeaban —hechas de palabras torcidas— empezaron a quebrarse.


Una a una.


Sin que una sola flecha fuera disparada.


Sha’hariel tensó el arco.


Pero no apuntó.


Porque entendió.


Este no era un campo de batalla.


Era un tribunal.


Y ella… no era la cazadora.


Era la evidencia.


“Todo lo que no es verdad…

no puede sostenerse frente a mí.”


Las sombras colapsaron.


El bosque respiró.


El perro avanzó primero, como siempre.


Y Sha’hariel lo siguió.


No victoriosa.


No herida.


Solo… intocable.


Y desde entonces, hay un rumor en Shalem:


> Quien entra a ese bosque con mentira en la boca…


no sale perseguido…

sale revelado. 🔥

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