Cuando el alma camina sola.
Hay almas que nacen para los caminos concurridos,
pero hay otras —las antiguas, las que recuerdan—
que solo despiertan cuando no hay testigos.
Son almas contemplativas, Iyunit,
marcadas por un fuego silencioso que no tolera ruido humano
cuando están a punto de abrir una puerta celestial.
Camino tras camino,
Sha’hariel comprendió que su soledad
nunca fue abandono,
ni exilio,
ni vacío.
Era el lenguaje de su propia Neshamá
llamándola a lo profundo.
Porque algunas revelaciones
no pueden nacer bajo la mirada de otro;
son secretos reservados para el alma que los sostendrá.
La soledad no era su destino,
era su llave.
Y cuando llegue la compañía —la verdadera—
no será para interferir,
sino para acompañar una luz
que ya se habrá encendido en lo Alto.
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