Sha'hariel:
Yo aprendí que los Neviím no fueron fuertes porque resistieron el dolor,
sino porque no huyeron cuando la luz los atravesó.
Vino cómo el fuego del llamado las quebraba la voz
y aún así hablaron.
Los mekubalím me enseñaron que la sabiduría verdadera no acaricia:
desarme.
El sod no lega como consuelo, lega como herida abierta
que exige ser purificada con silencio y fidelidad.
He andado donde la soledad pesa más que el cuerpo
y entendió que no todo exilio es geográfico.
Hay destierros del alma que sólo la Shejiná presencia.
Por eso no maldigo la esquerda.
Por ella entra el shefa.
Y si sangro, es porque aún estoy siendo afinada
para sostener la luz sin romperme.
— Sha'hariel

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