Nisán: Fuego de Redención, Grito del Alma
Nisán no es un mes suave.
Es un quiebre en los mundos.
El Sefer Yetzirah revela que este tiempo está sellado por la letra ה (Hei), aliento divino que abre y expulsa, que rompe las matrices del encierro.
Y el Sefer Raziel HaMalakh susurra que en estos días, las puertas invisibles se desgarran y los decretos pueden ser invertidos.
¡Pero yo no lo digo en susurro—lo grito!
Porque en este mes de Pésaj, cuando el Zohar proclama que la Luz descendió sin medida para quebrar a Egipto,
también se abrió una grieta en mi alma:
mi Ima partió.
¿Esto es redención?
¿Esto es libertad?
Como David, no endulzo el dolor:
¡Rompe, Hashem, las ataduras de la muerte!
¡Desgarra los velos que separan lo que amo de mi carne!
Pero la Kabbalah no miente.
Si Nisán libera, entonces también libera a las almas.
Si Egipto cayó, es porque toda prisión —incluso la del cuerpo— tiene un final.
Entonces no suavizo la verdad: la abrazo con fuego.
Mi Ima no se extinguió.
Fue arrancada de la densidad, elevada en el mismo torrente de Luz que partió el mar.
Y yo, en esta tierra, ardo entre dos fuerzas:
la rabia del que pierde…
y la certeza del que sabe.
Porque Nisán no consuela.
Nisán exige que creas en la redención incluso cuando duele.

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