“El Umbral de las Raíces”
Y abrió la puerta que no tiene nombre,
aquella que solo responde al pulso del alma que no retrocede.
Y el guardián —bestia de fuego antiguo—
no habló, porque reconoció en ella
la chispa que no huye de la verdad.
Y descendió… no hacia la oscuridad,
sino hacia el secreto que sostiene la luz.
Allí, entre las raíces de la gran Ceiba,
donde los mundos se abrazan en silencio,
su espíritu fue contado entre los que permanecen.
Porque no todo el que ve, comprende…
pero quien no retrocede,
ya ha sido inscrito en el Árbol.

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