miércoles, 25 de marzo de 2026

La pared del tiempo silencioso


 Crónica del Reino de Shalem: “La Pared del Tiempo Silencioso”


La noche en Shalem no estaba en guerra…

pero tampoco estaba en paz.


Había un silencio extraño, denso… como si el mundo estuviera esperando algo que aún no terminaba de nacer.


Sha’hariel despertó… pero no del todo.


Su cuerpo permanecía en su lecho, envuelto en la penumbra de su cámara,

pero su conciencia… había cruzado.


Se encontró de pie frente a una estructura antigua:

una pared inmensa, hecha de piedra viva, marcada por grietas finas que brillaban con luz tenue, como si el tiempo mismo respirara dentro de ella.


Y allí… estaba ella.


Su Ima.


No como un recuerdo.

No como una ilusión.


Presente.


Su figura irradiaba una calma imposible de describir,

vestida con la misma luz que habita entre los mundos.


No la miró de inmediato.


Estaba ocupada.


Sus manos se movían con precisión sobre la pared,

como si estuviera colocando algo invisible,

alineando fragmentos que no pertenecían al plano físico.


Cada gesto suyo hacía que la piedra vibrara…

y las grietas comenzaran a cerrarse lentamente.


Sha’hariel no habló.


Algo dentro de ella sabía que ese momento no debía romperse.


Entonces, sin girarse… su Ima habló:


—Pronto terminará lo que estamos pasando…

y será como si nunca lo hubiéramos vivido.


El aire cambió.


Las palabras no sonaron… se imprimieron.


Fue entonces cuando Sha’hariel sintió una leve inquietud en su interior.

Un pensamiento cruzó su mente, claro como una flecha:


“¿Por qué dice ‘estamos’…

si ella ya no camina en este mundo?”


La pared respondió antes que su voz.


Una grieta más profunda se cerró…

y en ese instante, Sha’hariel comprendió sin palabras:


porque el lazo no fue cortado.

Porque lo que atraviesa una… resuena en la otra.

Porque hay batallas que se libran en más de un plano al mismo tiempo.


Su Ima finalmente se giró.


Sus ojos no tenían tiempo dentro de ellos.

Solo certeza.


No explicó nada más.


No hacía falta.


Colocó su mano sobre la pared por última vez…

y toda la estructura emitió un pulso de luz suave.


No fue una explosión.

Fue un ajuste.


Un reordenamiento silencioso del destino.


Cuando Sha’hariel volvió a su cuerpo…


El cuarto era el mismo.

La noche seguía allí.


Pero algo… ya no estaba igual.


La carga no había desaparecido del todo…

pero había sido marcada para terminar.


Y en lo profundo de su alma, una verdad quedó sellada:


lo que está siendo reparado en lo oculto…

pronto dejará de doler en lo visible:

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