martes, 21 de abril de 2026

Crónicas de Shalem; Sha’hariel y las 231 Puertas del Viento Silencioso Capítulo II: La Cámara de Alef y Mem


 Crónicas de Shalem


Sha’hariel y las 231 Puertas del Viento Silencioso


Capítulo II: La Cámara de Alef y Mem


La luna cubría las ruinas del antiguo Templo cuando Sha’hariel descendió por una escalinata oculta entre piedras partidas por siglos de abandono.


Kelev-Or caminaba delante, olfateando el aire inmóvil. 


No había polvo, no había eco… no había sonido.


—El silencio aquí está vivo —susurró ella.


Encendió una antorcha negra y avanzó hasta una puerta circular grabada con dos letras antiguas:


א   מ


Alef y Mem.


Al posar su mano sobre la piedra, las letras brillaron como brasas bajo ceniza. La puerta se abrió sola.


Dentro había una cámara subterránea llena de agua suspendida en el aire. 


Gotas inmóviles flotaban como estrellas detenidas. 


En el centro, una llama blanca ardía sin consumir nada.


Raziel apareció entre espirales de fuego y letras vivas.


—Alef es aliento. Mem es agua oculta. Cuando se unen, nace el equilibrio entre espíritu y profundidad.


Sha’hariel observó la llama rodeada por el agua quieta.


—¿Y quién selló esto?


Raziel señaló la pared del fondo. Allí estaban escritas miles de palabras borradas:


Promesas rotas, rezos olvidados, nombres negados.


—Domem ben Afel se alimenta de toda palabra vacía.


Kelev-Or gruñó de repente.


Del agua suspendida emergieron figuras humanas sin rostro.


Caminaban torpemente hacia ella, abriendo la boca sin voz. Eran sombras formadas por frases que jamás se cumplieron.


Sha’hariel desenvainó su espada negra.


Una sombra se lanzó. Ella la partió en dos, pero ambas mitades volvieron a levantarse.


—No sirven las armas comunes —dijo Raziel.


Otra sombra tomó forma frente a ella y murmuró sin sonido una frase que dolió más que hierro:


"Nadie escuchará tu voz."


Sha’hariel cerró los ojos. Guardó la espada. Respiró profundo y pronunció uno de los Nombres sagrados:


אל חי

El Jai — Dios Viviente.


El aire se movió por primera vez en la cámara.


Las aguas flotantes comenzaron a girar. La llama blanca creció. Las sombras retrocedieron.


Entonces comprendió: no debía cortar mentiras… debía devolver vida.


Tomó una flecha, la sumergió en la llama y la disparó al techo.


La flecha explotó en luz. Cada gota de agua cayó como lluvia verdadera sobre las sombras, disolviéndolas.


La puerta interior apareció detrás del altar.


Sobre ella brillaban otras dos letras:


ש   י


Shin y Yud.


Raziel habló antes de desvanecerse:


—Has abierto la primera puerta.


Pero la siguiente guarda fuego que también puede devorarte.


Sha’hariel limpió la hoja de su espada.


Kelev-Or se sacudió el agua del lomo.


Sin mirar atrás, ambos avanzaron hacia la segunda cámara.

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