Judea es la palabra que busca encarnarse,
Samaria el vínculo que intenta sostenerse,
Jerusalén el corazón que equilibra lo que duele.
Y Gaza…
Gaza es el grito del borde,
el lugar donde la luz es probada
porque aún no ha sido reconocida.
Dijeron los profetas:
La tierra vomita cuando se la niega
y florece cuando se la escucha.
Y enseñó el Zóhar:
no hay tierra sin alma,
ni conflicto sin raíz espiritual.
Cuando el corazón se alinea,
las fronteras descansan.
Porque Eretz Israel no es un mapa:
Es un organismo vivo esperando rectificación.

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