Texto kabbalístico breve
Hay momentos en la historia donde el mal no se presenta como mal, sino como mandato sagrado. La Kabbalah enseña que cuando la conciencia cae en mojín de katnut —mente estrecha— el ser humano puede confundir el din (juicio severo) con la voluntad absoluta de Dios.
Algunos terroristas proclaman que actúan en nombre de Alah y citan pasajes del Corán que hablan de combatir y someter. Se convencen de que exterminar al “infiel” es obediencia divina. Pero el Zóhar advierte: cuando el Nombre de Dios es invocado para derramar sangre inocente, la energía ya no proviene de la Kedushá, sino que ha sido capturada por la sitrá ajará —el “otro lado”, la fuerza de separación.
La señal de la verdadera Unidad no es la imposición, sino la vida. El Ein Sof no necesita aniquilar pueblos para afirmarse. Cuando una ideología exige la destrucción total de Israel o de cualquier nación como acto sagrado, eso revela ruptura interior, no plenitud divina.
Incluso un libro sagrado puede convertirse en arma si el alma que lo lee está dominada por odio y absolutismo. La Luz se filtra según el recipiente. Si el recipiente está fracturado, la luz se distorsiona y se vuelve fuego que consume.
Hashem es Uno. La violencia sacralizada no nace de la Unidad, sino de la desconexión del alma humana de esa Unidad.
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