martes, 13 de enero de 2026

Cuando el cielo no explicó nada


 Cuando el cielo no explicó nada.


El 29 de marzo de 2020,

ד׳ בניסן תש״פ — 4 de Nisán 5780,

el cielo fue fotografiado y la constelación de Orión quedó registrada como tantas otras veces:

antigua, distante, indiferente.

Ese mismo día, mi Ima partió.

No hubo pacto entre ambos acontecimientos.

El cielo no habló, no avisó, no decidió nada.

Las estrellas siguieron su curso,

y la muerte hizo lo que siempre hace:

romper el mundo en silencio.

Pero desde ese día aprendí algo que la Kabbalah no discute y los neviím nunca negaron:

el sentido no está en las señales,

está en lo que queda caminando después.

Orión permaneció donde siempre estuvo.

Mi Ima, en cambio, cambió de lugar.

Dejó de estar frente a mí

y comenzó a habitar dentro.

Desde entonces, cada vez que el cielo parece inmenso y callado,

sé que no responde porque no tiene que hacerlo.

La respuesta ya no viene de arriba.

Viene del silencio que heredé.

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