PUTIN, HAMAS Y EL TABLERO DE GOG Y MAGOG.
En la superficie, esto parece geopolítica.
En lo profundo, es un eco antiguo que la Kabbalah y los profetas ya describieron hace milenios.
Gog y Magog no son naciones. Son fuerzas.
Energías históricas que aparecen cada vez que el mundo entra en una fase de ruptura del equilibrio.
Gog representa el poder frío, racional, imperial.
Magog representa el caos fanático, religioso, descontrolado.
Y la guerra entre ellos no siempre es frontal.
A veces… uno utiliza al otro.
Putin pertenece al linaje de Gog:
El estratega, el imperio que no cree en dioses sino en sistemas, control y dominio.
No gobierna por fe ni por ideología, sino por cálculo.
Hamas pertenece al linaje de Magog:
La furia religiosa, la llama sin límite, el fanatismo que no conoce frontera ni medida.
¿Por qué entonces Gog se acerca a Magog?.
Porque en las guerras del final, enseña el Zohar,
el orden utiliza al caos para debilitar a otros órdenes.
Putin no honra a Hamas.
Lo tolera como se tolera al fuego cuando se quiere quemar una ciudad enemiga.
No los considera aliados.
Los considera instrumentos.
En la visión profética, Gog jamás ama a Magog.
Lo usa… y luego intenta destruirlo cuando deja de ser útil.
Pero aquí está el secreto peligroso que los profetas advirtieron:
“Quien convoca fuerzas de destrucción creyendo controlarlas
termina siendo juzgado por ellas.”
Putin sabe que el islamismo radical es una amenaza civilizatoria.
Sabe que puede volverse contra Rusia, contra Europa, contra el mundo entero.
Pero prefiere abrir la puerta al abismo hoy antes que permitir que Occidente gobierne solo mañana.
Y así, sin saberlo, reproduce exactamente el patrón de las guerras de Gog y Magog:
— Imperios racionales usando fanáticos
— Fanáticos creyéndose elegidos
— Y en medio… Israel, siempre en el centro del tablero
Porque en estas guerras finales no se combate por territorios.
Se combate por la arquitectura espiritual del mundo.
Y como enseña la tradición:
Gog cree que gobierna la historia.
Pero Magog cree que Dios lo gobierna a él.
Y ambos olvidan que solo el Cielo decide el final.
Este no es un conflicto político.
Es una fase más del largo estremecimiento que precede a la corrección del mundo.
Y cuando estas fuerzas terminen de usarse unas a otras,
no quedarán vencedores humanos.
Solo quedará revelado
quién jugó con fuego
y quién supo mantenerse bajo la luz.

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