Tratado místico sobre el alcohol (según el Zóhar… versión taberna)
Dicen los sabios que “cuando entra el vino, sale el secreto” (נכנס יין יצא סוד).
Lo que no aclararon es qué secreto, porque a veces sale el alma…
y otras veces sale el payaso interior con micrófono espiritual incluido.
El vino fue creado para elevar la conciencia,
pero el ser humano —siempre tan creativo— decidió usarlo
para bajar la suya en cuotas.
En pequeñas medidas, el alcohol abre los portales del corazón:
uno ama a todos, perdona a sus enemigos
y hasta considera escribirle al ex “con madurez espiritual”.
En grandes medidas, en cambio, abre portales que ni Metatrón tiene autorización para custodiar:
el ego se disfraza de profeta,
la lengua se cree Ruaj HaKodesh
y cualquier opinión se proclama “verdad absoluta revelada a las 2:47 a.m.”.
El Zóhar enseña que la luz debe entrar en recipientes adecuados.
El alcohol demuestra que no todos los recipientes estaban listos,
y que algunos claramente tenían grietas… emocionales.
Por eso el vino es sagrado en Kidush:
Poco, medido, consciente.
Porque cuando el vino gobierna al hombre, hay bendición.
Pero cuando el hombre se rinde al vino,
hasta las kelipot piden que baje el volumen.
Conclusión kabbalística:
El alcohol no es bueno ni malo —como casi todo en la Creación—
solo revela quién está al mando.
Si es el alma: luz.
Si es el ego: stories, audios largos… y arrepentimiento al amanecer.
🍷✨
Gam zu letová… pero con moderación.
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