Advertencia del sistema: Gevurá sobrecargada
Mi oído izquierdo —ese devoto servidor de Gevurá— decidió activarse sin consultar a Jésed.
Resultado: dolor intenso y un silbido permanente, como un shofar malhumorado practicando sin partitura.
La ciencia lo llama hongo.
La Kabbalah lo llama fuego sin contención.
Ambas coinciden en que algo estaba creciendo donde debía haber aire, luz… y un poco menos de autoexigencia.
Intenté imponer orden: “silencio ahora”.
Grave error.
Gevurá no se doma con más Gevurá.
Se equilibra con Biná y se suaviza con Jésed, pero eso el oído tuvo que enseñármelo a gritos.
El silbido no era castigo, era recordatorio:
cuando uno escucha solo desde el juicio, el alma responde con ruido.
Cuando deja de pelear y permite misericordia, el cuerpo empieza a negociar la paz.
Moraleja cabalística no pedida:
si no filtras lo que escuchas, el oído lo hará por ti.
Y créeme, su método es… bastante convincente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario