sábado, 17 de mayo de 2025

El susurro de la Shejiná

 





El sol descendía lentamente sobre las ruinas de un antiguo santuario en el Reino de Shalem. Naamá bat Eliora caminaba sola entre los pilares rotos, envuelta en su túnica púrpura. Llevaba horas buscando un signo, una dirección para la próxima fase de su misión espiritual.

De pronto, una pluma dorada cayó del cielo. No había viento. No había aves. Solo silencio. La pluma reposó suavemente sobre su palma abierta.

En ese instante, su corazón ardió. Recordó el versículo:

"Y te mostraré grandes y ocultas cosas que no conoces" (Yirmiyahu 33:3).

Mientras la observaba, el malak Raziel apareció entre los haces de luz del crepúsculo. Colocó su mano sobre su pecho, y en su piel resplandecieron dos palabras hebreas:

חי – Chai (Vida)

אהובה – Ahuvá (Amada)

TiferetLevy©

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