jueves, 15 de mayo de 2025

El pozo de la voz silenciosa

 


En las costas de Shalem, donde las rocas besan las aguas eternas, Naamá bat Eliora se detuvo. El mar, profundo como la sabiduría de Biná, susurraba secretos olvidados por generaciones. Vestida de oro, irradiando luz que nacía desde el corazón, ella aguardaba.

De las nubes descendió una figura envuelta en púrpura: Miriam haNeviyá, la voz del desierto, portadora del tambor profético. Sus ojos veían más allá del tiempo, y en su mano traía un pergamino que ardía sin consumirse.

—Naamá —dijo Miriam—, el tiempo ha llegado. El Pozo que contiene la Voz Silenciosa ha sido contaminado por la sombra del Olvido. Juntas debemos cantar, luchar, despertar.

Naamá asintió. No con palabras, sino con la certeza que habita en los corazones que han visto la Verdad.

Entonces, la tierra tembló.

Desde lo profundo del abismo surgió una fuerza negra, envuelta en susurros de desesperanza. Era el Ruaj Ajer, el espíritu contrario, que intentaba robar la fe de los justos.

Y entonces, con alas de fuego y rostro resplandeciente, descendió el malak Gabriel. Su espada de luz dibujaba letras hebreas en el aire: אֱמוּנָה —Emuná, la fe.

Las tres figuras —la Reina, la Profetisa y el Ángel— se alinearon.

Y la voz de Miriam rompió el velo:

> "Que el desierto florezca, que la amargura se transforme,

que la Voz del Pozo nos hable de nuevo."

Y en medio del campo espiritual, Naamá alzó su mano. Sobre ella, el pergamino comenzó a desplegarse, revelando las palabras sagradas de la Invocación de Miriam, flotando entre luz dorada...

TiferetLevy©


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