Cuando duele al alma, Sha'hariel no demana misericordia.
Anda entre el humo del mundo y el eco de sus propias ruinas.
Cada paso que da hace temblar el polvo de las estrellas,
como si el cielo mismo temiera su llanto.
No busca consuelo. Busca sentido.
No pide paz. Exige respuesta.
Y en su garganta se acumula un grito antiguo,
nacido del fuego y del exilio.
“¿Adónde se va cuando el alma sangra?”, susurra.
Y su voz rompe los velos del firmamento.
Las sombras retroceden.
Los malajimos observan, silenciosos, sabiendo
que esa ira también es una forma de oración.
Su túnica Llamas del Cielo Oculto se trataSu túnica Llamas del Cielo Oculto se agita con el viento del juicio,
y el Maguén David en su brazo resplandece como una herida sagrada.
Las letras flotan a su alrededor —שֶׁבֶר, shever, quiebre.
El universo la escucha quebrarse… y se inclina.
Porque cuando un alma llama con verdad, el mundo entero se detiene.
El dolor se vuelve un idioma que solo los que han ardido pueden entender.
Y en medio de la rabia, Sha'hariel levanta la mirada,
cono lágrimas que chispean como fuego:
“No quiero consuelo,” dice, “quiero justicia.
No quiero olvidarme. Quiero recordar.
Porque el dolor también es un altar,
y mi alma, aunque sangra, sigue siendo luz.”

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