Las Nubes de la Luz
El silencio del Cielo no era vacío.
Era una respiración antigua, tan profunda que toda palabra se disolvía en su interior.
Allí, donde no existía ni arriba ni abajo, Sha’hariel bat Eliora flotaba vestida con su túnica Llamas del Cielo Oculto, cuyos bordes se confundían con la inmensidad.
El espacio era un mar de nebulosas vivas, remolinos de polvo luminoso que latían como corazones en gestación.
Cada una de ellas era una matriz del universo, un útero donde la Luz del Ein Sof se escondía para aprender a nacer.
De pronto, una voz de fuego habló dentro del resplandor:
— “Sha’hariel, mira cómo la Luz se vuelve carne, cómo el Misterio se reviste de forma.”
Era Raziel, el Malak de los Secretos, ardiendo como un relámpago humanoide, sus ojos hechos de letras hebreas danzantes.
A su lado, Metatrón sostenía un rollo invisible, donde cada palabra era una chispa que creaba estrellas.
Y Mijael, protector de la Shejiná, extendía sus alas de fuego azul, guiando el camino de la Reina del Silencio.
Sha’hariel extendió su mano y tocó una nebulosa.
Sintió el pulso de la creación: la contracción de la Luz Eterna que deseaba manifestarse.
Dentro de la nube vio miles de almas chispeantes, aún sin nombre, esperando su momento para descender al mundo.
Una lágrima de fuego descendió por su mejilla.
— “Así somos todos —susurró—: Luz que aprende a habitar la forma. Espíritu que se condensa en cuerpo para revelar la Gloria.”
Las nebulosas respondieron con un resplandor suave, y en cada una apareció una inscripción hebrea flotando en el éter:
אהיה אשר אהיה
“Yo seré lo que seré.”
Entonces el plano entero se iluminó.
La oscuridad y la luz se abrazaron, y del centro del abrazo surgieron nuevas estrellas, nuevos mundos, nuevas posibilidades.
Y Sha’hariel comprendió que las nebulosas no eran sólo cielos, sino recuerdos del primer latido divino.
Con una inclinación sagrada, elevó su espada hacia los Malakim y dijo:
— “Que cada chispa recuerde su origen. Que toda sombra sepa que fue creada para revelar la Luz.”
Y las nubes de fuego respondieron con un canto que aún resuena en el corazón del cosmos:
> “De la Nebulosa surge la Sabiduría;
de la Oscuridad, la Luz que no tiene fin.”
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario