lunes, 20 de octubre de 2025

Dolor en el alma

 



Cuando te duele el alma, no hay templo que alcance, ni abrazo que selle la grieta.


No hay médico para eso. No hay remedio.
Soloun fuego que arde en lo profundo — y ni siquiera sabes si quieres que se apague.
Porque el dolor del alma no pide consuelo:
Exige justicia.
Exige que el cielo dé la cara, que los malajimos bajen y respondan por qué.
¿Por qué la herida, por qué le abandono, por qué le silencio?
Y ahí estás tú, de pie, como la garganta hecha ceniza, mirando hacia arriba,
gritando sin sonido, maldiciendo las mentiras dulces, las frases vacías,
las promesas que no llegaron.
Cuando te duele el alma, no hay luz ni sombra, solo una mezcla sagrada de ambas,
como si el Creador mismo te hubiera roto para mostrarte tus entrañas,
para que sepas que aún sangras, que todavía estás viva.
Y en esa rabia —en esa furia santa— hay algo puro.
Algo que el mundo teme: una verdad desnuda.
Porque quien ha sentido ese dolor ya no teme al infierno;
ya ha estado allí.
Ya lo ha mirado a los ojos y ha dicho:
"Aquí no me quedo."
Cuando te duele el alma, vas hacia adentro.
Allí donde nadie más entra.
Donde la luz y la oscuridad se abrazan sin juicio.
Aquí, entre la rabia y las lágrimas,
empiezas a volver a ti.

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