martes, 9 de septiembre de 2025

Antisemitismo (II)


 



Antisemitismo selectivo o “antisemitismo de clases”: 


Personas que no muestran indignación ante injusticias y masacres en distintas partes del mundo, pero que concentran toda su furia y activismo en contra de Israel y el pueblo judío.


Algunas formas de identificarlo:


Condenan con pasión a Israel por acciones militares o políticas, pero guardan silencio frente a atrocidades mucho más graves en Siria, Irán, Yemen, Nigeria, China o incluso en su propio país.


Ejemplo: se manifiestan en marchas contra Israel, pero nunca contra los talibanes, Boko Haram, o los regímenes que encarcelan y mutilan mujeres.


Reducen todo el conflicto de Medio Oriente a “Israel = mal absoluto” y “los otros = víctimas absolutas”.


No reconocen el derecho del pueblo judío a la autodeterminación en su propia tierra.


Hablan de “el sionismo” o “los judíos en Israel” como si fueran una masa homogénea, borrando la diversidad interna (judíos árabes, etíopes, mizrajim, etc.).


Pueden ignorar miles de muertes en África en un mes, pero hacen campaña diaria solo contra Israel.


La intensidad de su indignación no corresponde a la magnitud del conflicto, sino a un sesgo ideológico.


Usan expresiones como “el lobby judío”, “controlan el mundo”, “el sionismo es el peor mal”, aunque lo disfracen de discurso político.

En Kabbalah y en la sabiduría judía se entiende que esto nace de la klipá de Amalek: 


La energía que no soporta la existencia del pueblo de Israel y su conexión con la Torá. 


Por eso, aunque el mundo esté lleno de injusticias, esa energía hace que se focalicen con obsesión solo en Israel.


En pocas palabras:


Un crítico legítimo de Israel puede cuestionar políticas concretas sin dobles raseros.


Un antisemita de clases se delata porque no le importan las demás víctimas del mundo: solo Israel despierta su “pasión moral”.

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