miércoles, 3 de septiembre de 2025

El primer choque de trenes

 




Capítulo II – El Primer Choque de Poderes


La luna se alzaba en lo alto, bañando con su resplandor plateado las torres del Castillo de Shalem. En el balcón más elevado, Sha’hariel sostenía en sus manos el rollo abierto, cuyos bordes ardían con fuego sutil, como si las letras mismas buscaran desprenderse para danzar en el aire. El Maguén David tatuado en su brazo brillaba como un sello de la eternidad.


De pronto, el cielo se oscureció con un rugido profundo. Las aguas del abismo comenzaron a elevarse como columnas serpenteantes, y entre ellas emergió Tanninit Elyonah, Reina del Sitra Ahra. Sus ojos reptilianos destellaban un verde dorado, y su voz seductora, cargada de veneno, quebró el silencio:


—Sha’hariel… ¿crees que tus nombres sagrados pueden contener las aguas primordiales? El mar que represento existía antes de tu fuego. Yo soy el caos eterno.


Sha’hariel alzó la vista, sin ceder al miedo. Su túnica “Llamas del Cielo Oculto” destelló con chispas de cobre y oro, mientras las constelaciones bordadas parecían encenderse una a una como faros celestes. Con firmeza proclamó:


—¡Shadday! ¡Elyon! ¡Havaia! El Reino de Shalem no se rinde ante la oscuridad.


Las letras hebreas comenzaron a girar alrededor de ella, formando un escudo ardiente. En ese instante, los malakim de fuego descendieron desde los cielos, humanoides ígneos que portaban espadas incandescentes. Su llegada estremeció los muros del castillo, llenando la noche de relámpagos y truenos.


Tanninit Elyonah respondió con un rugido marino. Serpientes de agua brotaron de sus manos, enroscándose alrededor de las torres, tratando de sofocar el fuego celestial. El choque fue brutal: fuego contra agua, luz contra sombra, orden contra caos.


El aire se cargó de energía; cada palabra sagrada pronunciada por Sha’hariel desgarraba las aguas oscuras, y cada oleada lanzada por la Reina del Sitra Ahra intentaba apagar la llama de los malakim.


Y así comenzó la Gran Batalla de Medianoche, donde los cielos y los abismos contendían, y el destino del Reino de Shalem pendía en un delicado equilibrio entre dos reinas.

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