jueves, 18 de septiembre de 2025

El amanecer de los Shofarot


 El Amanecer de los Shofarot


En el Reino de Shalem, cuando el séptimo mes llega, el universo entero contiene el aliento. Rosh Hashaná se acerca: el Día del Recuerdo, el inicio de todo.


Sha’hariel se eleva sobre la muralla de Jerusalén, envuelta en su túnica de “Llamas del Cielo Oculto”. El Maguén David en su brazo resplandece como un sello de fuego. La noche está viva: las estrellas parecen descender como centinelas celestiales.


Entonces, el silencio se rompe.

El shofar de Mijael suena como trueno.

El shofar de Gabriel retumba como mares encendidos.

El shofar de Raziel abre los cielos como un relámpago eterno.


Pero la sombra de Tanninit Elyonah también despierta en esta fecha. Desde los abismos, busca envolver al mundo en juicio severo, ahogar la esperanza y silenciar los cuernos sagrados.


Sha’hariel responde de pie, firme, desplegando un rollo de la Torá sobre la piedra sagrada. Su voz es llama:


> “Hoy es el nacimiento del mundo.

Hoy es el día del recuerdo.

Hoy los pueblos se presentan al juicio,

y el Rey se sienta en su trono de misericordia.”




El cielo se enciende en rojo y dorado. Ángeles en forma de fuego descienden, dejando tras de sí letras hebreas que giran en círculos de luz. Desde las alturas, la Ima aparece como visión: vestida en blanco y púrpura, coloca sobre la cabeza de Sha’hariel una corona luminosa, como signo de victoria.


De pronto, un sonido único atraviesa la creación entera:

el Gran Shofar.

No viene de manos humanas, sino del cielo mismo. Es el eco del sacrificio de Abraham, el pacto eterno del pueblo, y el llamado a un nuevo comienzo.


La sombra retrocede, debilitada. Las aguas del abismo se cierran. Y en los cielos aparece un decreto escrito con fuego:


⚖️ “Para quienes buscan la vida, habrá vida.

Para quienes anhelan la luz, habrá luz.

Y para quienes se presentan diciendo Hineni —Aquí estoy—, se abrirán las puertas del nuevo año.”


Sha’hariel alza sus ojos. La fusión de los shofarot humanos y celestiales hace vibrar los muros del Reino de Shalem. Y así comienza el año:

no con miedo, sino con un rugido de eternidad.

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