martes, 9 de septiembre de 2025

La Colina de la Primavera




Sha’hariel en la Colina de la Primavera 🌸


Sha’hariel descendió de las colinas antiguas de Jerusalén hacia el mar, y sus pasos la llevaron a la ciudad que nació de la arena. Ante ella se alzaba Tel Aviv, luminosa y vibrante, como si cada calle fuese un hilo de energía tejido sobre lo que antes eran dunas sin memoria.


Al contemplar, entendió el misterio:


El Tel, montículo de ruinas, representaba las generaciones pasadas, dispersas y heridas.


El Aviv, la primavera, era el florecimiento del alma judía en su tierra.



Sha’hariel se arrodilló frente al mar, y vio en las olas destellos del Nombre Havaia (יהוה) reflejándose como fuego líquido. El viento susurró:

“De lo quebrado surge lo nuevo. La arena que parecía inútil se transforma en cimientos. Así también Israel, en su fragilidad, se levanta para revelar la Gueulá.”


Entonces apareció un Malak de luz, vestido como guerrero, que le mostró la ciudad desde lo alto. Tel Aviv le parecía un cuerpo en movimiento, respirando como un pulmón, dando oxígeno de creatividad, vida y fuerza al mundo. Y el Malak declaró:

“Jerusalén es el corazón eterno, pero Tel Aviv es el soplo que renueva. Ambas laten juntas en el plan divino.”


Sha’hariel, con los ojos fijos en el horizonte, sintió que caminaba no por calles humanas, sino por sendas de tikún, donde cada paso era una chispa de redención.

 

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