“El Profeta del Recuerdo”
En una ciudad olvidada por el tiempo, vivía un anciano al que todos llamaban Shalem. No hacía milagros ni predecía guerras, y por eso muchos decían:
—Ese viejo no es profeta, solo cuenta historias.
Cada noche, Shalem se sentaba en la plaza y hablaba de un tiempo en que el pueblo caminaba con esperanza, en que las letras hebreas flotaban en el aire como fuego, y los muros del Templo cantaban con la voz del alma.
Una niña, Oríahna, solía escucharlo en silencio. Un día le preguntó:
—¿Por qué siempre hablas del pasado?
Shalem le respondió: —Porque recordar no es mirar atrás… es traer lo sagrado al presente.
Y a veces, la mayor profecía no es decir lo que vendrá, sino recordar lo que nunca debió olvidarse.
Y eso, pequeña, también consuela.
Esa noche, Oríahna soñó con piedras que ardían con letras doradas, y entendió que dentro de la memoria se escondía el mapa de la redención.
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