El conflicto extremo nos recuerda que, aunque la justicia (Din) tiene su lugar, sin la compasión y la moderación (Rachamim), el daño espiritual es inmenso.
La Kabbalah enseña que el reto es integrar ambas cualidades de manera equilibrada.
El Am Klal Yisrael (pueblo unido) tiene poder en la plegaria colectiva y el tikkun (rectificación).
Recordamos que cuando el pueblo se alza por la justicia y el rescate de los rehenes, está cumpliendo un rol sagrado.
La Kabbalah reconoce que momentos de crisis son también instantes de oportunidad espiritual.
El sufrimiento, cuando se enfrenta con compromiso ético y espiritualidad, puede transformarse en fuerza para un cambio real.
Ante la oscuridad de la guerra, muchos sabios recomiendan prácticas como recitación del Shema al Hamitá, o visualizar una luz que cubra la tierra (Or Makif), para proteger el alma propia y del pueblo, canalizando energía hacia la reparación interna y externa.
Escrito por Ines Tiferet S. Levy
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