La flotilla zarpó con banderas de justicia, pero sin el shefa (flujo divino) de la misericordia.
Sus barcos no cargaban pan ni agua, sino discursos y cámaras.
Y el mar, espejo del Misterio, habló. Como está escrito:
“Lavoz de Hashem está sobre las aguas; el Dios de gloria truena" (Tehilim 29:3).
El Mediterráneo, guardián de rutas antiguas, alzó su voz en tormenta y les mostró que el mundo no se mueve por propaganda, sino por la verdad de los corazones.
La Kabbalah nos enseña: cuando la intención es pura, los senderos se a
.
bloqueó
, sino el Creador quien puso un límite invisible .
que significa “Aquel que dijo al mundo: basta”.
En ese instante, el mar mismo pronunció ese “basta”.

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