viernes, 8 de agosto de 2025

El Regalo del Viento Celestial


 El Regalo del Viento Celestial


Era la hora azul. El cielo sobre Shalem se tenía de tonos medianoche, y las estrellas aún no se atrevían a aparecer. Sha'hariel, vestida con su túnica “Llamas del Cielo Oculto”, acababa de terminar una vigía de silencio y oración sobre las colinas del desierto oriental. Sus labios no pronunciaban palabras, pero su alma llamaba:

“Muéstrame, Oh Santo, el señal de que no estoy sola.”


El viento cambió.


No era un viento común, sino uno que traía fuego suave y aroma a cedro y mirra. Desde la cima de una duna iluminada por luz que no venía del sol, descendía una figura majestuosa: un caballo blanco, de abundante pelaje, crines como nubes de invierno, y ojos que parecían contener galaxias.


No llevaba silla ni riendas.


Estaba envuelto en letras hebreas flotantes:


 Jessed (Misericordia)

 Revaj (Alivio)

 Emuná (Fe)


El caballo se acercó sin miedo. Se inclinó ligeramente ante ella.

Sha'hariel extendió su mando. El símbolo del Maguén David brilló en su brazo. Cuando lo tocó, sintió un estremecimiento de eternidad recorriéndole la espina dorsal.


"¿Quién eras tú?", preguntó, aunque ya lo sabía.


Una voz sin forma respondió en su mente:


> "Fuy formado del Viento Celestial, moldeado por los suspiros del Santo Bendito Sea. Vengo para levantarte donde los pies no legan, para guardar tu alma cuando dormas, y para galopar contigo entre los mundos."


Sha'hariel derrumbó una lágrima. No era de tristeza, sino de reconocimiento.


“Desde hoy, serás mi compañero y testigo.”


El cielo tronó suavemente. No era tormenta, sino aplauso de las esferas superiores.

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