“Los cielos no son un único velo, sino siete firmamentos que se elevan en grados de luz.
Cada cielo es un palacio, y cada palacio una puerta.
El más cercano recibe la plegaria humana y la eleva como incienso; en el segundo moran las huestes que custodian las sendas del alma; en el tercero resplandece el depósito de las memorias, donde todo acto queda inscrito.
Más arriba, los cielos se vuelven cada vez más sutiles, tejidos de ruaj, neshamá y or ein sof.
Quien contempla los cielos no mira un espacio vacío, sino el espejo de lo infinito:
La escalera de Jacob, donde la tierra toca el trono, y el hombre se reconoce como un caminante entre mundos.
En lo alto, los cielos se funden en el Ain Sof, donde ya no hay arriba ni abajo, ni dentro ni fuera, sino solo el Uno sin límites.”

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