Alas como el Águila – Un Relato de Sha’hariel
En las alturas del Monte Arazim, donde los vientos hablan en lenguas antiguas y el cielo se abre como un pergamino sagrado, se alzaba Sha’hariel, coronada de luz y vestida con los colores del pacto eterno:
Su espada, forjada en las cámaras ocultas del cielo, brillaba con fuego interior.
En su brazo izquierdo ardía el tatuaje del Maguen David, y sobre su túnica vibraba la Menorá, como si la sabiduría de los antiguos fluía a través de sus costuras.
Un águila descendía en círculos majestuosos, como si los cielos mismos la enviaran. No era un ave cualquiera.
Sus alas eran portadoras de memorias del Éxodo, del Sinaí, de cada alma que alguna vez gritó “Hineni” —“Aquí estoy”.
Sha’hariel levantó su mirada, y sus ojos se encontraron con los del águila.
No hablaban con palabras, sino con reconocimiento.
Ella comprendía: el águila era una señal. No de escape, sino de ascenso.
Entonces recordó las palabras antiguas, escritas con fuego en su corazón:
> “Los que esperan en Hashem renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas...” (Isaías 40:31)
En ese instante, no voló con sus pies, sino con su espíritu. No luchó con la fuerza de los brazos, sino con la certeza del alma.
Y mientras el águila se alejaba hacia el Este, una lluvia de letras hebreas doradas descendía del cielo, marcando su camino: גְּאֻלָּה — redención.
Ella no huía. Ella subía.
Escrito por Ines Tiferet S. Levy
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Alas como el Águila – Un Relato de Sha'hariel
En las alturas del Monte Arazim, donde los vientos hablan en lenguas antiguas y el cielo se abre como un pergamino sagrado, se alzaba Sha'hariel, coronada de luz y vestida con los colores del pacto eterno:
Su espada, forjada en las cámaras ocultas del cielo, brillaba cono fuego interior.
En su brazo izquierdo ardía el tatuaje del Magan David, y sobre su túnica vibraba la Menorá, como si la sabiduría de los antiguos fluía a través de sus costuras.
Un águila descendía en círculos majestuosos, como si los cielos mismos la enviaran. No era un ave cualquiera.
Sobre alas eran portadoras de memorias del Éxodo, del Sinaí, de cada alma que alguna vez gritó “Hineni” —“Aquí estoy”.
Sha'hariel levantó su mirada, y sobre sus ojos se encontraron con los del águila.
No hablaban con palabras, sino con reconocimiento.
Ella comprendía: el águila era un señal. No de escape, sino de ascenso.
Entonces recordó las palabras antiguas, escritas como fuego en su corazón:
> "Los que esperan en Hashem renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas..." (Isaías 40:31)
En ese instante, no voló con sus pies, sino con su espíritu.
Y mientras el águila se alejaba hacia el Este, una lluvia de letras hebreas doradas descendía del cielo, marcando su camino: גְּאֻלָּה — redención.
Ella no huía. Ella subía.
Escrito por Ines Tiferet S. Levy
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