martes, 3 de junio de 2025

El Monte de la Revelación



 Antes del amanecer. La niebla cubre la base del monte. Naamá, envuelta en su túnica morada, avanza en silencio.

El Maguén David de su brazo brilla levemente con cada paso. No hay sendero visible, solo intuición.

Naamá pensando:

“¿Quién soy más allá del nombre?.

¿Qué vio Lilit en mí que ni yo misma comprendo?”

A lo lejos, el Monte se eleva como un altar antiguo. Truenos sin tormenta vibran en lo alto. 

Es el mismo monte donde los profetas hablaron con los malajim. 

Las piedras están marcadas con letras hebreas vivas: א, ל, מ, ד.

Con cada paso, la gravedad se intensifica. 

No física: espiritual. Naamá siente que partes de sí misma son probadas — el orgullo, el miedo, la duda.

En la mitad del ascenso, un antiguo serafín aparece.

Tiene tres pares de alas y su voz es como muchas aguas:

Serafín:

“Naamá bat Eliora, tu alma fue tejida con fuego y misericordia. 

Pero para conocer tu verdadero Nombre, debes dejar morir el que crees que eres.”

Naamá:

“¿Y si no queda nada después de eso?”

Serafín:

“Entonces por fin serás libre.”

El serafín desaparece. El monte se vuelve blanco como si nieve cayera de lo invisible. Naamá llega a la cima, exhausta. En el centro, una piedra lisa. Sobre ella, un espejo sin reflejo.

Naamá se arrodilla frente al espejo. De pronto, una voz familiar surge detrás de ella. Su madre —la Reina Madre del Reino de Shalem— aparece envuelta en luz celestial.]

Reina Madre con dulzura:

“Hija mía… esta es la prueba del Nombre. No del que llevas, sino del que fuiste en las Alturas, antes de nacer en este mundo. Mira.”

Naamá toca el espejo. Este se ilumina y se transforma en una visión: un trono celeste, querubines cantando, y entre ellos… una figura: su alma antes de descender. Llamada por un nombre que no se ha pronunciado aún en la tierra.

Una voz de los Cielos:

“Y será llamada… אוריהנה (Ori'ahna), luz de la canción eterna.”

La visión desaparece. Naamá cae al suelo llorando, no de tristeza, sino de revelación.

Naamá susurrando:
“Entonces… Naamá fue la puerta. Pero yo soy Ori’ahna.”

TiferetLevy©

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