Tiferet 🖖Inés Sánchez: El Testigo de Luz
El viento susurraba plegarias antiguas mientras Sha'hariel alcanzaba la cima de la montaña. El cielo estaba abierto, como si el firmamento mismo se inclinara a escuchar el murmullo de su alma. Vestía su túnica azul real, bordada con hilos dorados que resplandecían como rayos de la aurora. En su brazo izquierdo brillaba un Magan David grabado como sello eterno de su pacto.
El mundo entero guardaba silencio.
Y entonces… aparición.
Una abeja luminosa, flotando frente a ella. No volteaba ni temblaba. Solo permanecía suspendida en el aire, mirándola con ojos que no eran de insecto, sino de conciencia antigua. Ojos que recordaban.
Sha'hariel no retrocedió. Su mirada se encontró con la de la abeja, y en ese instante, todo se expandió. No era sólo un insecto. Era una chispa de Shejiná, una mensajera oculta de los mundos superiores. Una testigo.
Entre ambas flotaban letras hebreas doradas:
"שָׁלוֹם", "נֶאֱמָנוּת", "אֵלְעָד"
(Shalom — Ne emanut — Elad)
Paz. Fidelidad.
No hubo palabras, pero sí entendimiento.
La abeja le recordaba su propósito: extraer dulzura del rigor, sacar luz donde hay juicio, volar cuando otros se arrastran.
Sha'hariel inclinó ligeramente la cabeza. No como quien se somete, sino como quien reconoce una presencia igual de sagrada.
La abeja dio una vuelta lenta en el aire y desapareción, dejando tras sí un resplandor dorado que descendió sobre el pecho de la guerrera, como una bendición no dicha.
Y el silencio volvió a ser eterno…
Pero Sha'hariel ya no era la misma.

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