Naamá bat Eliora camina sola por el bosque sagrado, cuando la sombra de una mujer majestuosa y oscura emerge entre los árboles, envuelta en viento y susurros antiguos.
Lilit voz seductora y grave:
“Naamá... hija de Eliora... hija de la luz, pero nacida con mi nombre.
¿No lo oyes vibrar en tu sangre? Te he esperado.”
Naamá con mirada firme, el Maguén David brillando en su brazo:
“Tú no me esperabas. Me reclamabas. Pero no soy tuya, Lilit. Mi nombre no es una cadena; es un estandarte. Llevo el nombre Naamá como canción de redención, no de ruina.”
Lilit acercándose con pasos etéreos:
“Fuiste nombrada por la encantadora... la seductora... la que canta a la oscuridad. Esa soy yo.
¿Por qué negar tu herencia? Únete a mí. Serás libre, sin Torá que te ate, sin ángeles que te vigilen.”
Naamá alzando su vara de luz:
“¿Libre? Yo soy más libre que tú, Lilit. Porque elegí la luz, no porque fui forzada a ella, sino porque la vi y la amé.
El canto de mi alma no es un grito de venganza, es un Tehilim.
Yo soy Naamá bat Eliora, guerrera de la redención.”
Lilit con una sonrisa amarga:
“Entonces lucha, hija de la Luz. Veremos si tu canto puede silenciar el mío.”
La escena estalla en un combate espiritual, con símbolos hebreos ardiendo en el aire, ángeles descendiendo a proteger a Naamá, y Lilit envuelta en sombras y fuego antiguo.
TiferetLevy©

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