martes, 3 de junio de 2025

Segundo encuentro con Lilith



El cielo se rasga con un trueno silencioso. Las estrellas se apagan una a una mientras Lilit alza su mano. 

De sus dedos se desprenden letras negras como humo: ש, ט, נ — símbolos oscuros que se arremolinan en torno a Naamá como serpientes de sombra.

Lilit gritando:

“Te arrastraré al origen. 

A lo que eras antes de ser llamada hija de Eliora. ¡Volverás a mí, Naamá de la Noche!”

Naamá cerrando los ojos un instante, susurrando:

“Ezá enai el heharim… me’ein yavo ezri…”

“Elevo mis ojos a los montes... ¿de dónde vendrá mi ayuda?”

Del cielo, una luz dorada se enciende como una estrella cayendo: es el malaj Raziel, que desciende con alas extendidas, su espada envuelta en letras vivas.

Raziel firme:

“No tocarás a la que ha sido sellada por el Nombre.”

Naamá abre sus ojos: ahora brillan con luz azul celeste. Extiende su brazo y las letras hebreas doradas י-ה-ו-ה arden en el aire, rodeándola. Cada letra forma una barrera viva contra las sombras.

Naamá a Lilit, con fuerza:

“No soy tu reflejo. No soy tu eco. Soy el reverso de tu historia: la que fue tentada por el abismo, pero eligió cantar a la Luz.”

Lilit lanza un alarido agudo, una onda oscura que atraviesa los árboles, partiendo el suelo. Pero Naamá gira sobre sí misma, y la Menorá en su brazo brilla como siete soles. El rugido de un shofar resuena en el aire, invisible pero real.

Lilit enfurecida y herida:

“¡Te perseguiré hasta el último umbral de tu alma, Naamá! Donde haya sombra, ahí estaré.”

Naamá con calma:
“Y en cada sombra, pondré una luz.”

Lilit retrocede, la oscuridad envolviéndola nuevamente. Pero antes de desaparecer, deja caer una última palabra, susurrada con rencor:

“Todavía no sabes quién eres…”

Silencio. El bosque respira. Raziel posa su mano sobre el hombro de Naamá.

Raziel:
“Esta fue solo la primera prueba. Has rechazado la oscuridad que quiso usarte. Pero el verdadero nombre, tu esencia más profunda... aún te espera en lo alto del Monte de la Revelación.”


 

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