En la Kabbalah, el mundo está tejido entre dos columnas:
La izquierda (Din) y la derecha (Jesed). Quienes persisten en el odio, incluso frente a la bondad o la verdad, están bajo una fuerte influencia del Din desequilibrado: juicio, rigor, separación.
El trabajo del tzadik (justo) o del místico es inclinar la balanza hacia el Jesed, sin negar la verdad, pero elevando la conversación desde la reacción emocional hacia la conciencia superior.
Si alguien odia sin razón, incluso en presencia de luz y solidaridad, su alma está lidiando con velos profundos —traumas colectivos, egos desequilibrados, o falta de conciencia.
En vez de caer en la lucha personal, el cabalista ora, canaliza luz, y trabaja internamente para rectificar no sólo su reacción, sino también las energías que lo rodean.
Israel, en términos místicos, no es sólo un país: es un canal de conciencia divina, un punto de intersección entre el cielo y la tierra. Por eso atrae tanto amor como odio.
El Zóhar dice que "donde hay más luz, más sombra intenta ocultarla."
El odio persistente hacia Israel, incluso ante la solidaridad y compasión de su gente, puede leerse como un rechazo al despertar espiritual que representa.
No personalizar el odio:
Entiende que quien odia a Israel o a los justos está reaccionando a una luz que no puede contener.
Responde con Dvekut (adhesión a lo divino): No entres en el barro. Medita, actúa desde la compasión firme, habla desde la conciencia.
Si una figura pública como Greta Thunberg, que promueve justicia ambiental, se deja llevar por narrativas que alimentan odio hacia Israel, esto muestra una desconexión entre valores proclamados y energía espiritual interior.
No es para condenar, sino para reconocer que incluso los idealistas pueden ser usados sin saberlo como canales de confusión.
El cabalista no responde con odio, sino con verdad, compasión y firmeza.
A veces en silencio. A veces con palabras. Pero siempre con luz.
Escrito por Ines Tiferet S. Levy

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