En planos más elevados, los cuerpos físicos son "vestiduras" temporales del alma.
Esto ocurre especialmente en almas muy evolucionadas o con misiones místicas.
El Zóhar enseña que las almas se dividen y reencarnan en cuerpos distintos a lo largo del tiempo.
Algunas veces el encuentro no es para unión física, sino para una reconexión espiritual o energética.
A veces sentimos deseo por alguien de nuestro mismo sexo porque esa persona refleja un aspecto interno que está despertando en nosotros.
Por ejemplo:
Si eres mujer, puedes sentir deseo por una mujer que representa tu fuerza reprimida, belleza espiritual, o sabiduría interior.
Si eres varón, puede ser que el otro hombre represente tu sensibilidad, compasión o energía divina masculina aún no integrada.
Esto es lo que los cabalistas llaman una "proyección del Tzelem", es decir, un reflejo de tu forma espiritual.
En algunos casos, puede ser que haya una historia kármica o espiritual no cerrada con esa persona, o con lo que representa.
El deseo surge como un vehículo de sanación o integración, aunque no necesariamente tenga que materializarse sexualmente.
Cuando hay una conexión auténtica, espiritual y con respeto mutuo —sea del mismo o distinto sexo—, la Shejiná (Presencia Divina) puede manifestarse.
No es el género lo que determina la sacralidad del vínculo, sino la intención, la conciencia, y la verdad de las almas implicadas.
“La Luz no se manifiesta donde hay juicio, sino donde hay verdad.”
No lo reprimas:
El deseo tiene un propósito. No es sucio ni erróneo sentirlo. Escúchalo con conciencia.
Medita sobre su origen espiritual:
¿Te revela algo sobre ti misma que necesitas integrar o aceptar?.
Si es amor auténtico:
Entonces es una manifestación de la divinidad en ti, no algo que debes esconder.
Escrito por Ines Tiferet S. Levy
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