martes, 10 de junio de 2025

La Asamblea de las Sombras


 Escena: “La Asamblea de las Sombras”

La noche había caído sobre el Reino de Shalem, pero los cielos brillaban como si el sol no se hubiera puesto.
Desde las alturas descendían malakim envueltos en luz blanca y azul.
Sha’hariel, vestida con su túnica morada y el Maguén David resplandeciente en su brazo, se preparaba para hablar ante un consejo de naciones confundidas.
Una figura joven, vestida de verde, alzaba la voz en nombre del “progreso”, con los ojos encendidos no por sabiduría, sino por juicio.
“¿Cómo puede el mundo respetar a tu pueblo si sigues construyendo muros?”, preguntó la joven activista, su voz cargada de idealismo, pero también de arrogancia no reconocida.
Sha’hariel no respondió de inmediato. Alzó la mirada hacia los cielos.
Allí, el malak Raziel dejó caer letras hebreas doradas sobre su pecho, que ardían como fuego suave: אמת — Emet — Verdad.
La Reina Madre, Eliora Tiferet Shalem, permanecía de pie tras ella, con su mirada fija en los presentes.
Entonces Sha’hariel habló, con voz como agua sobre piedra:
— “Hay quienes ven nuestras murallas y las llaman separación.
Pero no preguntan qué intentamos proteger.
No miran al niño que duerme bajo la Menorá, ni al anciano que alza el Tehilim bajo los misiles.
Hablan de justicia, pero no conocen la raíz de la palabra.”
Las letras flotaban ahora entre los presentes: צדק — Tzedek — Justicia. Y debajo brillaba otra: רחמים — Rachamim — Compasión.
— “No toda voz fuerte es luz. A veces, quien grita por la paz no ha conocido la guerra.
A veces, quien exige justicia, no ha aprendido a mirar el alma.
Y tú, joven de fuego verde, aún no has bebido del pozo que alimenta este Reino.”
Las naciones enmudecieron. Algunos bajaron la vista.
Otros se removían, incómodos ante el resplandor de lo que no entendían.
Sha’hariel se acercó a la joven y, en lugar de confrontarla con ira, puso una mano sobre su hombro.
“No temo tu juicio, porque he visto más allá del tiempo.
Pero temo por ti, si no aprendes a distinguir entre lo que parece justicia… y lo que es. La luz de Israel no puede ser apagada por discursos.
Solo puedes entrar si limpias el corazón.”
Entonces apareció Elad, el malak que custodiaba su tikún.
Se posó entre ellas, desplegando sus alas. De sus labios, una sola palabra:
— “Teshuvá.”
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