Este olvido puede quitarla a decisiones extremas, sin ser plenamente consciente.
El Arizal (Rabí Itzjak Luria) y otros cabalistas señalan que el juicio celestial toma en cuenta no sólo los actos, sino el dolor, el nivel del alma, las circunstancias kármicas (gilgulim, reencarnaciones) y el estado mental real del individuo.
Por ejemplo, en casos donde existe desesperación profunda, disociación o trauma, el alma no es culpable en el mismo grado que alguien que actúa en plena conciencia.
Muchos suicidios en este contexto —como los de soldados o supervivientes con estrés postraumático— son vistos como actos de almas que han sido quebradas más allá de lo que podían soportar.
Algunos textos como Sha'ar HaGilgulim (Puerta de las Reencarnaciones) explican que las almas que se suicidan no van directamente al Gehinnom (purgatorio), sino que muchas quedan "suspendidas", atrapadas entre mundos, necesitando reparación (tikún).
Sin embargo, cuando la motivación fue el dolor insoportable, Hashem puede tener compasión especial, enviando malajim (ángeles) o almas justas para ayudarlas.
Muchos cabalistas afirman que las lágrimas de los familiares, las pregarias, el estudio de Torá en su número, y los actos de jesed (bondad) en su memoria, pueden elevarlas a mundos superiores.
Según la Kabbalah y el pensamiento jasídico, un soldado que arriesga su vida por el pueblo de Israel está en el nivel más elevado de mesirut nefesh (autosacrificio del alma).
Incluso si luego cae en desesperación, su alma es abrazada por Hashem con ternura, no con juicio.
📘 Rabí Najman de Breslov decía que a veces las almas más grandes descenden a los lugares más oscuros para sacar luz… ya veces esa oscuridad los consume temporalmente. Pero su luz esté viva.

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