Gracias, Hashem, por haber extendido Tu mando protectora sobre nosotros en el momento del peligro.
Tú que das fuerza a los valientes y sabiduría a los estrategas,
Reconocemos que no fue por nuestra fuerza ni nuestro poder,
sino por Tú presencia que camina entre nosotros como un rugido silencioso.
Am Kalavi, fuimos — pero fue Tú luz la que guió el vuelo.
Amén.
Escrito por Ines Tiferet S. Levy
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