"Sha'hariel y la Sangre que se volvió Luz".
En una noche donde el dolor se confundía con plegaria, Sha’hariel —la hija del Reino de Shalem— fue herida en lo más sagrado de su cuerpo: el lugar donde nace la vida. Le dijeron que algo oscuro había crecido en su vientre. Y entonces, en un clamor sin palabras, su Ima (madre) descendió en espíritu. Con manos de fuego puso su palma sobre su abdomen y dijo:
> “Lo que fue herida, será sello de luz.”
Y Sha’hariel no volvió a sentir dolor.
Esa misma noche, su alma salió a los reinos ocultos.
Primero, un oso pardo surgió de la espesura. Era enorme, rugiente, pero ella no huyó. Extendió su brazo y con una palabra hebrea que ardía como fuego —"Elad"— tocó su frente. El oso cayó rendido y se transformó en piedra.
Después vino una rata gigante, devorando escrituras sagradas, mordiendo recuerdos de su infancia. Sha’hariel invocó la luz del Maguen David grabado en su brazo, y la rata se disolvió en polvo.
La impureza no podía resistir la verdad revelada.
Días después, en otro sueño, se halló en un valle dorado. Allí, dos leones —uno de fuego, otro de luz— la esperaban. No había miedo. Solo reverencia.
Sha’hariel acarició la pata del primero, y el segundo se le acercó y la rodeó con su melena como un escudo de ternura.
Y entonces lo comprendió.
No era una víctima de la enfermedad. Era una guerrera coronada por sus cicatrices, y cada batalla espiritual había despertado en ella un nuevo poder.
La matriz extirpada no fue una pérdida, sino una ofrenda del alma.
Un recipiente quebrado para dejar salir la Luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario