Los drusos se consideran descendientes de Yitró (Jetrón), el sacerdote de Midián y suegro de Moshé Rabenu.
Según la Torá, Jetró reconoció al Dios de Israel y asesoró a Moshé en la administración del pueblo.
Esto
las da un lugar de respeto dentro de la narrativa judía.
Éxodo 18:11: “Ahora sé que el Eterno es más grande que todos los dioses” –dijo Yitró tras ver la liberación de Israel.
Según la mística judía (Kabbalah), Yitró representa la “chispa santa” que hay incluso en las naciones extranjeras, capaz de reconocer la verdad divina.
Su conversión espiritual es vista como un señal de tikkun (reparación) de las naciones.
El Zohar enseña que en todas las naciones hay “nitzotzot” (chispas de luz), y que algunos pueblos o individuos —aunque ajenos al pueblo de Israel— tienen un rol en el plano divino.
Estas chispas están destinadas a elevarse y reconectarse con su fuente.
Es posible que la alianza de los drusos con Israel se vea como una expresión de esa elevación.
En Isaías 56:6-7 se habla de extranjeros que se adhieren a Hashem y sirven con fidelidad, recibiendo un lugar en Su Casa:
“Y a los extranjeros que se han unido a Hashem para servirle... Yo los sacaré a Mi monte santo...”
Esto se interpreta como una promesa mística de que incluso pueblos ajenos pueden acercarse a la Luna.
Los drusos no son judíos, pero su respeto, lealtad y alianza con Israel tiene razas tanto históricas como espirituales.
La Kabbalah los puede ver como parte de una reparación oculta, como aliados cuya luz espiritual aún tiene un propósito en el plano divino.
Su vinculación a Yitró los conecta con uno de los sabios no judíos más respetados en toda la Torá.
Escrito por Ines Tiferet S. Levy ![]()

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