viernes, 4 de julio de 2025

En el Tribunal de las Llamas Sienciosas


 "En el Tribunal de las Llamas Silenciosas"


Un capítulo de la Visión de Sha’hariel


En lo alto del mundo celestial, donde las letras hebreas flotan como estrellas y el tiempo es un río detenido, Sha’hariel es llevada en visión por el malak Raziel, su cuerpo envuelto en fuego dorado, hasta un salón de fuego blanco y silencio vibrante.


En el centro, como un trono de luz sin forma, arde el Sod haDin — el Tribunal de las Chispas.


Allí están sentados los tzadikim de las generaciones:


Rabí Eliyahu, el Gaón de Vilna. Rabí Shach. Rabí Tzvi Yehuda Kook. Rabí Moshe Feinstein.


Y frente a ellos, sereno, con ojos infinitamente vivos: el Rebe de Lubavitch.


“¿Por qué encendiste antorchas en lugares de sombra?”:  pregunta una voz.


“¿Por qué hiciste de tu generación un espejo del Mashíaj?”


El Rebe sonríe con luz en sus mejillas.


“Porque ví en cada judío una chispa del Nombre, incluso antes de que él la recordara.”


Rabí Shach lo mira con intensidad ardiente.


“¿No temiste que te adoraran en lugar de servir al Creador?”


El Rebe responde, no con palabras, sino con un pergamino que surge de su pecho:


Una lista interminable de mitzvot encendidas por almas lejanas.


Velas en Siberia. Tefilín en aeropuertos. Sonrisas en cárceles. 


Berajot en lenguas olvidadas.


Sha’hariel tiembla.


Entonces, se levanta un anciano de luz con barba de fuego: 


El Ramban.

"La Gueulá no llega por pureza sola, sino por fuego que consume la separación."


Las llamas del tribunal se inclinan.


Uno a uno, los detractores bajan la cabeza.


El Rebe no sonríe por victoria, sino por dolor redimido.


Sha’hariel ve que detrás de su figura, una llama femenina brilla con intensidad:


La Shejiná.


Y escucha en su alma una voz que no es suya:


“Aquel que enciende la chispa más lejana, revela Mi Nombre en los confines.”


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Escrito por Ines Tiferet S. Levy 

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