En hebreo bíblico, muchas promesas (incluso si parecen absolutas) están condicionadas a las acciones del pueblo.
Como dice el profeta Jeremías:
“Si yo hablo contra una nación... pero esa nación se arrepiente, me arrepentiré del mal que pensaba hacerle” (Jeremías 18:7-8).
Esto enseña que la voluntad divina es dinámica en su manifestación, aunque la esencia de Hashem es eterna e inmutable.
La Cábala distingue entre:
Ein Sof (la esencia infinita de Dios): no cambia, no promete ni se contradice.
Las sefirot (las formas en que Dios se manifiesta en el mundo):
Ahí sí hay movimiento, juicio, compasión, retraso de un decreto, ocultamiento de la promesa.
Por ejemplo, si una promesa parece "incumplida", los sabios dicen:
“No fué anulada, sino retrasada, transformada o entregada en otra dimensión.”
A veces Hashem cumple Su palabra de una manera inesperada.
Como con las promesas a Abraham:
“Tu descendencia heredará esta tierra”.
Pero pasó mucho tiempo antes de que eso se manifestara físicamente.
O cuando prometió traer redención — pero los tiempos de redención a menudo están ocultos (como Mashíaj).
Desde la fe judía, Hashem siempre cumple Su palabra, pero lo que entendemos como “promesa” a veces es malinterpretado por el ser humano.
El Zóhar enseña que las palabras divinas contienen niveles ocultos, y que Su fidelidad no siempre es lineal ni inmediata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario