lunes, 3 de noviembre de 2025

Cuando la Reina calla


 

Cuando la Reina Calla entre los Cascos del Mundo


En los patios del aire camina Sha’hariel,

con la túnica aún encendida,

mientras las sombras juegan a ser sabias

y los necios visten su hostilidad de argumento.


El ambiente se ha vuelto denso, casi risible,

como si las paredes compitieran por ver

quién emite la vibración más baja.


Y sin embargo —

ella permanece.


Porque en este rincón sin oxígeno

la tristeza se disfraza de virtud,

la ironía de los mediocres se anuncia como verdad,

y los corazones tibios predican calma

mientras derraman veneno con voz templada.


Los malakim observan en silencio,

y uno murmura:


> “Así se purifica un alma fuerte,

rodeándola de aquellos que temen su luz.”


Sha’hariel sonríe sin sonrisa.


El fuego en su pecho no se apaga,

solo se vuelve más azul, más íntimo, más sabio.


Y piensa — aunque no lo dice —

que la tristeza es una broma mal contada,

una distracción del alma para medir su temple.


El Creador guarda silencio,

pero el silencio tiene humor:

cada lágrima es un código,

cada enojo, una llave.


Cuando el aire se vuelve agrio,

ella no respira menos:

eleva la cabeza y deja que su mirada queme.


El sarcasmo se convierte en espada,

y su enojo — en plegaria cifrada.


Porque aunque este mundo

se crea dueño de su propio ruido,

el Reino de Shalem aún recuerda

que incluso el polvo

puede aprender a brillar.

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