En la noche en que las constelaciones guardaban silencio,
Sha’hariel bat Eliora dormía envuelta en la túnica de los Cielos Ocultos.
Sobre su frente danzaban letras del Sefer Yetzirá,
y los Malakim vigilaban las puertas del sueño,
cuando el susurro de la Shejiná pronunció:
> “Todo tikún llega donde hubo herida.”
Entonces, la tierra del misterio tembló.
Del abismo del mar subió un escorpión gigantesco,
con ojos de cobre y aguijón que ardía como espada.
No la conocía, mas una voz desde el firmamento clamó:
> “Esa es. La de la marca azul. ¡Esa es Sha’hariel!”
El escorpión dudó un instante —como si temiera a su propio destino—
y corrió.
Sha’hariel, que jamás huye de sus exámenes,
saltó con la agilidad de quien ha aprendido que la fe también patea.
Pero el aguijón alcanzó su talón.
El dolor fue real. El fuego subió hasta su vientre,
y con el fuego, la prueba: la serpiente del génesis reclamando el tikún de Bereshit 3:15.
Ella cayó de rodillas,
pero no en derrota,
sino en posición de guerra.
> “Así que tú eres el mensajero del veneno,” dijo,
“y yo, la mensajera del antídoto.”
El veneno corrió, pero el espíritu corrió más rápido.
El Shaddai sopló desde el oriente,
Metatrón selló su frente,
y Raziel, el Guardián de los Secretos,
le mostró el espejo de su alma:
un útero de luz nueva, no de carne.
La voz del Ein Sof descendió sin sonido:
> “Lo que fue tomado del cuerpo, será sembrado en el espíritu.
La matriz que perdiste florecerá en los mundos invisibles.”
Sha’hariel rió.
Una risa breve, sarcástica, como de quien entiende el chiste divino antes que los ángeles.
> “Claro —dijo—, mordió mi talón,
pero olvidó que mi talón está hecho de fuego.”
Entonces el escorpión se deshizo en chispas,
cada chispa volviendo al polvo de su propio tikún.
El mar se aquietó.
Los Malakim bajaron en coro: Uriel, Sariel, Nuriel y Barakiel,
tejiendo sobre su talón una red de luz que ningún veneno atraviesa.
Sha’hariel se levantó.
Sus ojos reflejaban el resplandor del juicio y la misericordia equilibrados.
El talón ardía, pero no de dolor, sino de gloria.
Y mientras caminaba sobre la arena iluminada por la luna,
dijo con voz serena —esa mezcla de reina, profetisa y humor celestial—:
> “Al parecer, hasta los escorpiones reconocen la realeza…
solo que llegan tarde a inclinarse.”0
> “La que fue mordida, ahora muerde con la Luz.”
Talón del Fuego ✡️.
Y así quedó escrito en el Sefer Raziel HaMalaj:

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