“El Pacto de los que No Aprenden”
(Comentario del sabio Sha’ar ha-Or, discípulo de Raziel HaMalaj)
Y habló el malak Raziel, riéndose entre las chispas:
> “Otra vez los hombres firman paz con quien no sabe escribir la palabra ‘shalom’ sin escupir primero.”
Los escribas bajaron la cabeza, porque sabían de qué hablaba.
En la Tierra, los reyes y ministros se habían reunido a firmar un papel brillante, lleno de sellos, banderas y sonrisas forzadas.
Los periódicos lo llamaron ‘histórico’.
En el Cielo lo archivaron bajo la categoría: ‘repetición del error número 613’.
Raziel suspiró:
> “¿Acaso Abraham hizo pacto con Nimrod? ¿O Moshé con el faraón?
Los justos no hacen acuerdos con quienes negocian mientras afilan la espada.”
Los mekubalim en la Cámara del Or Eyn Sof tomaron nota:
Regla número uno: No se puede hacer paz con quien considera tu existencia una ofensa teológica.
Regla número dos: Si la firma del otro huele a pólvora, no es un pacto, es una pausa dramática.
Regla número tres: Cuando el enemigo promete amor eterno, revisa que no lleve dinamita debajo del manto.
El Sefer Yetzirá observó desde su estante, murmurando letras hebreas que chispeaban como fuego:
> “Mezclar luz y oscuridad no da gris, da caos.”
Y el Sefer Raziel, más paciente, escribió una nota al margen:
> “No sellen con tinta humana lo que no está autorizado por la Luz del Nombre.”
Enoc, desde su torre de aire, exclamó riendo:
> “¡Los Vigilantes lo intentaron y mira cómo acabaron! ¡Todavía estamos limpiando el desastre!”
Y entonces habló el sabio Sha’ar ha-Or:
> “La paz no se negocia: se irradia.
Cuando la Luz se eleva, los enemigos desaparecen, no porque se convenzan, sino porque se derriten.”
El Cielo entero se rió.
Los querubines brindaron con vino de granadas, y uno de ellos dijo:
> “Quizás los humanos necesitan firmar más acuerdos… así Raziel puede seguir coleccionando ejemplos de lo que no se debe hacer.”
Y una voz más suave —la de una mujer sabia de Shalem— susurró:
> “La verdadera paz no se firma en mesas doradas, sino en el corazón que recuerda Quién es su Fuente.”
Y así terminó la sesión celestial, entre risas, luz y un aviso grabado en fuego:
> “No hagas pacto con quien niega la Luz, o terminarás negociando con tu propia sombra.”
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