lunes, 24 de noviembre de 2025

El Efecto de los Prismas VI









El Efecto de los Prismas”


Al tercer día, los prismas dejaron de ser objetos pasivos y se volvieron ventanas.

No ventanas al mundo —ventanas a grietas: dentro de cada fragmento se veía un retazo de verdad que no pertenecía a Shalem. Los sabios que los manipulaban comenzaron a hablar con voces que no eran enteramente suyas: recitaban fórmulas partidas, contaban historias de lugares que olían a sal y hierro, y al cerrar los ojos daban la impresión de mirar algo que estaba justo detrás de la espalda del cielo.


Primero fue un artesano. Encontró un prisma en la calle y, al pulirlo por curiosidad, dejó escapar un suspiro que no era su respiración. Sus manos se llenaron de inscripciones que nadie podía borrar. Luego, una madre en la plaza comenzó a mecer a su hijo y a hablar en hebreo antiguo, aunque ella no lo conocía; el niño, al reír, arrojó sombras que parecían crecer bajo la tierra.


La energía de los prismas no solo despertaba memorias: fracturaba la percepción. Los árboles proyectaban múltiples lunas; las fuentes devolvían voces que no habían sido pronunciadas; los espejos mostraban, por un parpadeo, figuras humanas con ojos demasiado grandes y manos que sostenían cadenas de letras.


En la calle de los eruditos, una vela encendida dentro de un prisma incendió la página de un libro sin quemarla: las palabras se deslizaron hacia fuera como anguilas de tinta. Un joven sabio, que leyó con avidez, se convirtió en un puente: habló lenguajes que atraían corrientes —pequeñas espirales de agua que comenzaron a formarse en fuentes y pozos. Dondequiera que se abría un prisma, la membrana entre lo visible y lo profundo se afinaba.


Sha’hariel reunió a los guardianes esa noche y habló con voz baja.

—Son grietas de pensamiento —dijo—. Si las dejamos crecer, lo que entra no será solo conocimiento. Será puerta.


Desde la costa, el mar volvió a latir con un pulso más lento, como si aguardara el momento de aprovechar la ciudad distraída.


Y Shalem, por primera vez en sus historias, se preparó para contener su propia curiosidad.

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