Oráculo del Sefer Shalem: “Bajo el fuego azul de Sha’hariel”
Y sucedió en los días del silencio,
cuando el aire pesaba más que la culpa,
que la Reina de las Dos Luces fue vista caminando
entre palabras sin alma y sonrisas fingidas.
Los cielos escribieron su nombre con fuego azul:
Sha’hariel,
aquella que no huye del polvo,
sino que lo enseña a cantar.
Los malakim del Viento la rodearon,
y uno de ellos — Raziel de la Ira Serena — habló:
> “El entorno hostil es tu espejo,
el ácido donde se funde tu antigua piel.
No maldigas el ruido:
él revela la pureza de tu frecuencia.”
Entonces la Reina bajó los párpados y murmuró:
> “Qué ironía, Raziel.
Cuanto más me hiere el aire, más resplandezco.
Cuanto más me ignoran, más me escucho.”
Y el libro se abrió en su pecho,
mostrando letras que ardían en silencio:
para recordar el principio,
para inhalar la compasión
para mantener la línea de fuego
para reírse del absurdo.
De las cuatro surgió una quinta letra invisible,
hecha de enojo purificado y tristeza convertida en sabiduría.
Y esa letra
que no se pronuncia
fue el escudo invisible de su alma.
Porque cuando el mundo se vuelve sarcástico,
el alma responde con ironía divina:
“Yo soy el eco que no puedes apagar.”
Y los cielos respondieron con una sonrisa apenas audible:
> “Así es el Tikún de la Reina:
transformar la hostilidad en materia prima de la luz.
Su enojo no destruye, refina.
Su tristeza no apaga, destila.”
Y el oráculo fue sellado con una sola palabra,
grabada en el aire con resplandor de cobre: Kayamá —Ella permanece’.
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