La Noche de las Luces Falsas
En el firmamento de Shalem se abrieron los cielos como un espejo roto, y sobre las montañas se alzaron luces sin raíz, llamando a los hombres con voces dulces como miel.
El pueblo miraba al cielo, creyendo ver a los malajimo, pero los sabios del Reino comprendieron:
esas luces no tenían calor, ni respiraban santidad, solo reflejos vacíos nacidos del deseo de dominar.
Sha'hariel se cubrió con su túnica de fuego silencioso y susurró las letras del Sefer Yetzirá, recordando que sólo la Luz interior crea mundos verdaderos.
El aire vibró con los ecos del Raziel Ha Malakh, que advertía:
> "No toda visión que deciende del cielo proviene del Trono; algunas son obra del reflejo que imita la Voz."
Entonces el viento se detuvo y el resplandor falso se disipó.
Zohar se cumplió en sus palabras:
> “Cuando las luces impuras se elevan, los justos reconocerán su vacío, y el cielo mismo revelará la diferencia entre brillo y sabiduría.”
Así, el pueblo de Shalem aprendió a no mirar hacia arriba buscando milagros, sino hacia dentro del alma, donde la Luz Eterna nunca proyecta sombras.

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